jueves, 28 de julio de 2011

PARROQUIA SANTO DOMINGO DE GUZMAN

NOVENA Y FIESTA PATRONAL 2011

LA TOMA – SAN LUIS

DIÓCESIS DE SAN LUIS

Todos los días:

Por la mañana: confesiones- dirección espiritual- bendición de casas

17:00 hs: novena de los niños

19:00 hs: Adoración al Ssmo. Sacramento

20:00 Santa Misa de la novena

Intensiones de cada día

Día 30: por las instituciones parroquiales.

Día 31: por los difuntos

16 hs responso solemne en el cementerio

Día 01: por los enfermos y empleados de la sanidad

Visita a los enfermos- administración de Unción de los enfermos en la santa Misa

Día 02: por los jóvenes, consagración a la Virgen

Día 03: por los matrimonios y la familia. Video referente a la familia.

Día 04: por las vocaciones sacerdotales y religiosas

Día 05: por los comerciantes y vecinos del campo

Día 06: por las instituciones civiles

15: 00 hs procesión con los niños al monumento de santo Domingo

Día 07: 11 hs en la capilla de Lourdes por los trabajadores y luego procesión con san Cayetano

SOLEMNIDAD DE SANTO DOMINGO

Día 08:

15 hs. Salida en Procesión hasta avenida Belgrano

Desfile en honor de santo Domingo

Procesión hasta el Templo y santa Misa

jueves, 24 de febrero de 2011

24 DE FEBRERO
SAN PRETEXTATO, obispo y mártir (+586)

Sabemos pocas noticias de él, sobre todo de su juventud. Lo hallamos ya siendo un santo obispo en la segunda mitad del siglo VI, en la ciudad de Rouen, en Francia. Aquí estaba entregado del todo al cuidado de aquellas almas que le habían encomendado para guiarlas hacia la Patria... Era sumamente bueno y si en algo se pasaba era en que a todos escuchaba y a todos quería dar gusto. La afabilidad fue siempre su nota dominante.
Chilperico, rey de Neustria, tuvo un hijo y le rogó que fuera él el padrino de bautismo, a quien puso por nombre Meroveo. Le amó siempre con un gran afecto y tanto como pueda amar la más tierna madre a su hijo. Quedó viuda la bella Brunequilda, casada con su tío Sigiberto y Meroveo pidió al Obispo Pretextato que la uniera en matrimonio. Brunequilda era la reina de Austrasia. Quizá no debía haberlo hecho porque parece que esto era entonces contra los cánones, pero, llevado de una debilidad por su ahijado, lo hizo. Ésta sería la causa de todos sus infortunios y durísimas pruebas que le esperaban. Todo fue efecto de su gran corazón.
El rey Chilperico, y, sobre todo, la terrible Fredegunda, su segunda esposa, odiaban a muerte al joven Meroveo y no tardaron hasta enviarle al destierro. El pobre desterrado no tuvo otra ayuda que la del Obispo Pretextato que lo defendió cuanto pudo. El rey y la reina se levantaron violentamente contra el santo obispo y tramaron cuantas intrigas malévolas pudieron contra él. El rey lo acusó ante los Obispos al encontrarle en su misma casa algunas alhajas y pertenencias de la reina Brunequilda que habia dejado para su custodia antes de salir de Rouen. Esto bastó para decir que estaba en unión con los desterrados para sublevarse contra su rey y contra su patria. El rey convocó urgentemente a los Obispos que en Paris deliberaron contra este Obispo de Rouen. Chilperico, sin que nadie le preguntase, tomó en primer lugar la palabra y, delante de todos los obispos, levantó la voz acusando de varias cosas al pobre Pretextato.
El rey se había preocupado ya antes de comprar a varios esbirros con tal de que acusasen en falso, calumnias contra el santo obispo y así lo hicieron. Al oir tales acusaciones unos obispos creyeron al rey, y otros juzgaban que todo aquello era una patraña inventada por el mismo monarca para denigrar a Pretextato. Por fin tomó la palabra el obispo acusado y dijo: "Pido perdón por todas mis faltas que son muchas, pero en honor a la verdad y a la fe que profeso debo afirmar públicamente que no es verdad cuanto el rey está diciendo. Yo no he comprado a nadie ni he protegido la impiedad..."
Viendo el rey que no salia fácilmente con la suya quiso cambiar de táctica y mandó a dos de los prelados más adictos a él para que le dijeran al obispo que se juzgara culpable ante los demás obispos y que ellos pedirian clemencia al rey a su favor. Y así lo hizo el inocente e ingenuo Pretextato en una nueva reunión de todos los Obispos: "Señor rey, he pecado contra las leyes y contra vos, soy merecedor de todos los castigos que deseéis imponerme". Eso es lo que esperaba Chilperico quien exclamó' lleno de alegría satánica: "¿Lo habéis visto? ¿Oís al criminal confesando voluntariamente su execrable atentado? ¿Qué os parece?"
Uno de los obispos le dijo: "Si así es, no puedes ya convivir entre nosotros. Debes ser desterrado y depuesto de tu cargo". Otros intentaron defenderle, pero fue desterrado y sufrió bárbaramente durante siete años... Por fin volvió a su sede pero continuó la impia Fredegunda—pues Chilperico ya habia muerto—haciéndole cuanto mal pudo y tratando de volverle a calumniar, pues no podia soportar que Pretextado continuase amando a Meroveo... Mientras rezaba un día ante el altar, se le acercó un esbirro pagado por la reina y le hirió a muerte con una espada. Aún pudo Pretextato acercarse al altar y tomar la Sagrada Forma... mientras con firme entereza anunciaba a la reina las penas que le esperaban. Expiró el año 586.
Otros Santos de hoy: Modesto, Sergio, Montano, Lucio, Julián, Primitiva..

sábado, 22 de enero de 2011

22 DE ENERO SAN VICENTE
diácono y mártir (+304)


Vicente, el Victorioso, es uno de los tres grandes diáconos que dieron su vida por Cristo. Junto con Lorenzo y Esteban—Corona, Laurel y Victoria—forma el más insigne triunvirato. Cubierto con la dalmática sagrada, ostenta entre sus manos la palma inmarcesible de los mártires invictos.
Este mártir celebérrimo en toda la Cristiandad, encontró su panegirista en San Agustín, San León Magno y San Ambrosio. Y tuvo su cantor en su compatriota Prudencio, que dedicó el himno V de su Peristephanon al "levita de la tribu sagrada, insigne columna del templo místico".
Vicente descendía de una familia consular de Huesca, y su madre, según algunos, era hermana del mártir San Lorenzo. Estudió la carrera eclesiástica en Zaragoza, al lado del obispo Valero. "Nuestro Vicente", cantará Prudencio, vindicando esta gloria para Zaragoza, la ciudad de España que tuvo más mártires. San Valero, que tenía poca facilidad de expresión, le nombró Arcediano o primer Diácono, para suplirle en la sagrada cátedra.
Estamos a principios del siglo IV, en la décima y más cruel persecución contra la Iglesia, decretada por Diocleciano y aplicada en España por Daciano. Las cárceles, que estaban reservadas antes para los delincuentes comunes, pronto se llenaron de obispos, presbíteros y diáconos, escribe Eusebio de Cesarea. Era la táctica seguida fielmente por Daciano.
Al pasar Daciano por Barcelona, sacrifica a San Cucufate y a la niña Santa Eulalia. Cuando llega a Zaragoza, manda detener al obispo y a su diácono, Valero y Vicente, y trasladarlos a Valencia. Allí se celebró el primer interrogatorio. Vicente responde por los dos, intrépido y con palabra ardiente. Daciano se irrita, manda al destierro a Valero, y Vicente es sometido a la tortura del potro. Su cuerpo es desgarrado con uñas metálicas.
Mientras lo torturaban, el juez intimaba al mártir a la abjuración. Vicente rechazaba indignado tales ofrecimientos. El poeta de "Las Coronas" pone en boca del mártir palabras de sublime estoicismo cristiano: "Te engañas, hombre cruel, si crees afligirme al destrozar mi cuerpo. Hay alguien dentro de mí que nadie puede violar: un ser libre, sereno. Tú intentas destruir un vaso de arcilla, destinado a romperse, pero en vano te esforzarás por tocar lo que está dentro, que sólo está sujeto a Dios".
Daciano, desconcertado y humillado ante aquella actitud, le ofrece el perdón si le entrega los libros sagrados. Pero la valentía del mártir es inexpugnable. Exasperado de nuevo el Prefecto, mandó aplicarle el supremo tormento, colocarlo sobre un lecho de hierro incandescente. Nada puede quebrantar la fortaleza del mártir que, recordando a su paisano San Lorenzo, sufre el tormento sin quejarse y bromeando entre las llamas.
Lo arrojan entonces a un calabozo siniestro, oscuro y fétido "un lugar más negro que las mismas tinieblas", dice Prudencio. Luego presenta el poeta un coro de ángeles que vienen a consolar al mártir. Iluminan el antro horrible, cubren el suelo de flores, y alegran las tinieblas con sus armonías. Hasta el carcelero, conmovido, se convierte y confiesa a Cristo.
Daciano manda curar al mártir para someterlo de nuevo a los tormentos. Los cristianos se aprestan a curarlo. Pero apenas colocado en mullido lecho, queda defraudado el tirano pues el espíritu vencedor de Vicente vuela al paraíso. Era el mes de enero del 304. Ordena Daciano mutilar el cuerpo y arrojarlo al mar. Pero más piadosas las olas, lo devuelven a tierra para proclamar ante el mundo el triunfo de Vicente el Invicto. Su culto se extendió mucho por toda la cristiandad.

3° Domingo del tiempo ordinario

Dominus illuminatio mea et salus mea: quem timebo? El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?. Estas palabras del Salmo responsorial son una confesión de fe y una manifestación de nuestra seguridad: fe en el Señor, que es la Luz de nuestras vidas; seguridad, porque en Cristo encontramos las fuerzas necesarias para andar por nuestra senda cotidiana. Luz de luz, decimos en el Credo de la Misa, referido al Hijo de Dios.
La humanidad caminó en tinieblas hasta que la luz brilló en la tierra cuando Jesús nació en Belén, como hemos considerado en las pasadas semanas. Envolvió con su claridad a María y a José, y a los pastores, y a los Magos. Luego, ese lucero brillante de la mañana se ocultó durante años en la pequeña ciudad de Nazaret y llevó la vida normal de sus paisanos. En realidad seguía iluminando la vida de los hombres, pues en los años de Nazaret nos mostraba con ese ocultamiento que la vida corriente puede y debe santificarse. Ahora, después de haber dejado Nazaret y del Bautismo en el Jordán, va a Cafarnaún para dar comienzo a su ministerio público.
San Mateo recoge en el Evangelio de la Misa la profecía de Isaías en la que se dice que el Mesías iluminaría toda la tierra. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló (4). Como sol apenas amanecido, trae Jesús el resplandor de la verdad del mundo, y una claridad sobrenatural a las inteligencias que no quieren permanecer más en la oscuridad de la ignorancia y del error.
San Mateo narra también que los primeros que ya en la vida pública del Señor, recibieron eficazmente el influjo de esta luz fueron aquellos discípulos a quienes llamó mientras caminaba junto al lago de Galilea. Primero fueron Simeón y Andrés, que eran pescadores. Jesús los llamó y ellos inmediatamente dejaron las redes y le siguieron; y luego a los otros dos hermanos, Santiago y Juan, quienes también lo dejaron todo enseguida y siguieron a Jesús. Estos hombres «experimentaron la fascinación de la luz secreta que emanaba de Él, y sin demora la siguieron para iluminar con su fulgor el camino de su vida. Pero esa luz de Jesús resplandece para todos». Él se acerca a nuestra oscuridad para darle sentido a nuestro vivir: al trabajo diario, al cansancio, a las penas y a las alegrías.
Para muchos personajes que nos muestra el Evangelio, para muchedumbres enteras, la vida de Jesús parece como el relato de un encuentro; estamos a veces en la oscuridad, y la luz está deseando traspasarla. Ahora se está cumpliendo también aquella profecía de Isaías, que recoge la Primera lectura de la Misa: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se gozan en tu presencia como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Es la alegría de la fe, que ilumina todos nuestros quehaceres; es la maravilla de Jesús que da sentido a todo lo nuestro.