miércoles, 30 de junio de 2010

29 DE JUNIO
SAN PEDRO, Príncipe de los Apóstoles (+ ca. 67)
"Llévame a él". En estas palabras del fogoso Pedro a su hermano Andrés que le habla del Maestro, está sintetizada toda su vida. Pedro no hace como Natanael que duda si de Nazaret puede salir cosa buena, sino que desde el primer momento creyó en Jesús, se fió de él y le amó con toda su alma.No sabemos cuándo nació Pedro, pero sí sabemos que era de Betsaida, una aldea campesina y marinera al lado del Lago de Genesareth. Allí vivía compartiendo su trabajo con su padre y hermano Andrés. Estaba casado y el Señor, cuando ya forme parte de sus más íntimos, curará a su suegra de una enfermedad.Quizá heredó de su padre Jonás la rudeza de su carácter y la prontitud de su genio. Lo cierto es que Pedro, como nos lo presenta el Nuevo Testamento, era vehemente y francote, un tanto presumidillo y un poco infantil en sus reacciones.En el primer encuentro de Pedro con Jesús ya queda al descubierto por una parte la amistad no disimulada del Maestro, y por otra la entrega sin reservas de Pedro a su servicio o compañía. Desde ahora "será pescador de hombres". Pero el momento cumbre de Pedro nos lo recuerda San Mateo en el capítulo 16 cuando dialoga el Maestro con los Apóstoles: ¿"Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre"?... "Pues unos..." "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?". Entonces Pedro tomando la palabra, en nombre de todos sus compañeros, dice: "Tú eres el Hijo de Dios vivo". Y viene la paga de Jesús a aquella bien acertada y valiente definición: "Y yo te digo, tú eres Cefas, Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no podrán prevalecer contra ella". Desde este momento Pedro ya ocupa el primer lugar entre los compañeros. En las listas que traen los evangelistas, lo traen el primero, hasta a veces, lo especifican diciendo, "Pedro, el primero".Pedro, de ahora en adelante, recibirá muestras de especial cariño de parte del Maestro. Esta promesa de Jesucristo de nombrarle "piedra" o "fundanmento" de la iglesia, se cristalizará después de la Resurrección de Jesús junto al lago de Genesareth, según nos recoge San Juan en el capítulo 21 de su evangelio. La escena no puede ser más hermosa. Tres veces le ha negado en su Pasión. Ha sido cobarde. Ahora el Señor, antes de hacerle entrega del tesoro más bello que nos deja, el Sacramento de salvación que es la Iglesia, quiere estar seguro del arrepentimiento y amor de su Vicario y por tres veces le examina en el amor hacia él. "Pedro ¿me amas?... ¿"Me amas más que estos"? La afirmación es categórica y firme: "Sí, Señor, tú sabes que te amo..."Aunque le haya negado en la noche más triste de toda la historia, después llorará su pecado y dirá la tradicción que hasta se formaron unas cavidades en sus mejillas de tanta lágrima. Correrá en compañía de Juan al sepulcro a ver al Maestro... Y Jesús se le aparecerá y dirá a los demás que den el mensaje a Pedro... Le mandará que camine sobre las aguas del lago...Subido al cielo el Maestro, correrá los mundos predicando el Mensaje del Señor y confortando a todos en la fe en que él un día claudicó pero ahora. sobre todo desde que ha venido sobre él el Espíritu Santo, está lleno del don de fortaleza. Y si llega a dudar en el Quo vadis de Roma .. de nuevo volverá sobre sus pasos para dar generosamente su vida por crista sintiéndose indigno de morir clavado como el Maestro. Será el año 67 de la Era Cristiana. Bien pudo cantar el poeta: "Pedro es el primero en creer y el primero en amar; el primero de los Apóstoles que ve al Señor resucitado; el primero que confirma la fe con un milagro; el primero que convierte a los judíos, el primero que recibe a los gentiles en la Iglesia; el primero en todo"
SAN PABLO, Apóstol (+ ca. 7)
La figura de San Pablo merece un desdoblamiento de la fiesta de ayer, para no robar espacio a San Pedro, y para que no quede como un mero apéndice de él. Ya hemos hablado de San Pablo el 25 de enero. Pero la figura de San Pablo es tan gigantesca e inabarcable, es tan ejemplar su vida—"el primero después del Unico"—son tan inagotables sus escritos, que bien merece la pena volver una y otra vez a su magisterio.San Pablo es un hombre nuevo después de la caída en el camino de Damasco. Y como todos los convertidos, el fuego le quema las entrañas, y se siente forzado a comunicarlo a todo el mundo. "Cuando aquel que me llamó por su gracia, quiso revelar en mí a su Hijo para que lo evangelizase a los gentiles, sin consultar a la sangre ni a la carne", en seguida se puso en movimiento. Nadie podrá pararle. Es un volcán en ebullición permanente."Anda, dice el Señor a Ananías, que éste es instrumento escogido por mi para llevar mi nombre a los gentiles". Y Pablo se lanza, lleno de divinas impaciencias, por todos los caminos del imperio. Emprende cuatro viajes apostólicos, arriesgados, difíciles. Recorre ciudades, funda cristiandades, les deja discípulos al frente, les escribe cartas, promete llegar hasta España... Afronta peligros "en tierra, en mar, entre los falsos hermanos".Pero no importan los peligros para el alma enamorada. "Todo lo soporto por los elegidos. La caridad de Cristo nos interpela. Muy a gusto me gastaré. Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta formar a Cristo en vosotros. ¿Quién enferma sin que yo enferme?".San Juan Crisóstomo se lamentaba que muchos no conocían las cartas de San Pablo. A1 escuchar su lectura, afirmaba él, "salto de gozo al oír ese maravilloso clarín celestial, y me inflamo en deseos, reconociendo una voz muy amiga para mí, y me parece verle presente ante mis ojos".En sus diversos pasajes vemos el anhelo incoercible que siente de predicar el Evangelio, de hacerse todo para todos, de preocuparse por todas las Iglesias, de sufrirlo todo, hasta ser anatema por sus hermanos."Cuando quiero saber las últimas novedades, leo a San Pablo", dice León Bloy, a propósito de la variedad del mensaje paulino. Pero si quisiéramos destacar lo más peculiar, el eje y punto clave en que se apoya la nueva exigencia de Pablo, sería por encima de todo, su anhelo por Cristo, su obsesión por Cristo, hasta el punto de que pide varias veces a sus discípulos que le imiten a él, sin más, pues sabe que así imitarán a Cristo.Se podría seleccionar una especie de Código o Decálogo sobre el cristocentrismo de Pablo: 1) Su vida es Cristo. 2) Todo lo centra en el amor de Cristo. 3) Sólo quiere conocer a Cristo. 4) Desea gloriarse en la cruz de Cristo. 5) Su debilidad encuentra la fuerza en la gracia de Cristo. 6) Colabora con la gracia de Cristo. 7) Desea únicamente apoyarse en Cristo. 8) Su afán es estar con Cristo. 9) Se goza en haber sido atrapado por Cristo. 10) Está seguro que nada le separará del amor de Cristo.E1 último viaje de Pablo fue el viaje a Roma para ser juzgado. Allí sufrió martirio, junto con Pedro, las dos columnas de la Iglesia, hacia el año 67. Agotado por fin, había rendido viaje el discípulo fiel. Fue sepultado en el lugar llamado Tre Fontane, por las tres fuentes que habrían brotado en el momento del martirio. Sobre aquel lugar se levantaría más tarde la basílica espléndida que lleva todavía su nombre.

jueves, 24 de junio de 2010

MARCHA EN DEFENSA DE LA FAMILIA,
NO AL MATRIMONIO GAY...
ENCABEZABA LA MARCHA MONSEÑOR JORGE LUIS LONA Y SU OBISPO COADJUTO MONSEÑOR PEDRO MARTINEZ.









UNAS 4500 PERSONAS SE DIERON A LA CITA EN SAN LUIS; EL DIA 19 DE JUNIO EN EL CORREO(AVENIDA ILLIA Y SAN MARTIN) CON EL LEMA:
LA FAMILIA SON LOS HIJOS,
CON PAPÁ Y MAMÁ.
VIVA LA FAMILIA..............



NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

27 de Junio

El 27 de junio es la fiesta de esta hermosa advocación de la Santísima Virgen María relacionada con un antiguo icono oriental, del siglo XIII o XIV, de autor desconocido y que, se estima, reproduce la pintura de Nuestra Señora hecha por San Lucas, el Evangelista, hace casi dos mil años.
En el cuadro se muestra a la Virgen con el Niño Jesús, quien observa a dos ángeles que le muestran los instrumentos de su futura pasión. Se agarra fuerte con las dos manos de su Madre Santísima quien lo sostiene en sus brazos. Esta imagen nos recuerda la maternidad divina de la Virgen y su amor y cuidado por Jesús desde su concepción hasta su muerte. Hoy la Virgen, nuestra Madre, ama, cuida y socorre a todos sus hijos que acudimos a ella con plena confianza.
Durante siglos, la imagen original se veneró en Constantinopla (hoy Estambul, Turquía) como reliquia milagrosa, hasta que fue destruida por los musulmanes en 1453, cuando los turcos conquistaron la ciudad. Tiempo después, durante ese siglo XV, la bella copia de la pintura perdida de Nuestra Señora se encontraba en manos de un comerciante, cristiano piadoso y devoto de la Virgen María, que deseaba evitar a toda costa que el cuadro se destruyera como tantas otras imágenes religiosas que corrieron con esa suerte durante la expansión musulmana hacia occidente.
Para escapar con ella se embarcó rumbo a Roma; pero ya en el mar se desató una violenta tormenta que puso en grave peligro al barco en que viajaba. Cuando ya todos a bordo se preparaban para lo peor, el mercader sostuvo en alto el icono de Nuestra Señora implorando socorro. La Santísima Virgen respondió a su oración con un milagro: la tormenta cesó de inmediato y las aguas se calmaron. Todos llegaron a Roma sanos y salvos. Luego, este devoto comerciante profetizaría que llegaría el tiempo en que en todo el mundo se veneraría a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, tal como sucede hoy.
Pasado un tiempo, el mercader se enfermó de gravedad. Al sentir cercana la muerte, desde su lecho llamó a su amigo de más confianza y le rogó que le prometiera que se encargaría de colocar la pintura de la Virgen en una iglesia ilustre para que fuera venerada públicamente. Aunque el amigo no cumplió la promesa por complacer a su esposa que se había encariñado con la imagen, la Divina Providencia no había llevado la pintura a Roma para que fuese propiedad de una familia, sino para que fuera venerada por todo el mundo.
Nuestra Señora se le apareció al hombre en tres ocasiones, diciéndole que debía poner la pintura en una iglesia. El hombre discutió varias veces con su esposa para cumplir con la Virgen, pero ella se salió con la suya burlándose de él, diciéndole que alucinaba. Un día, después de la muerte del esposo, la hijita de la familia, de seis años, vino hacia su madre apresurada con la noticia de que una hermosa y resplandeciente Señora se le había aparecido mientras estaba mirando la pintura. La Señora le había dicho que le dijera a su madre y a su abuelo que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro deseaba ser puesta en una iglesia.
La mamá de la niñita prometió obedecer a la Señora; pero una vecina ridiculizó todo lo ocurrido e intentó convencer a su amiga de que se quedara con el cuadro, animándola a no hacer caso de sueños y visiones. En cuanto terminó de decir esto, comenzó a sufrir dolores tan terribles, que creyó que moriría allí mismo. Entonces invocó a Nuestra Señora pidiendo perdón y ayuda. La vecina tocó la pintura con corazón contrito, la Virgen escuchó su oración y fue sanada instantáneamente. Ahora urgía a la viuda para que obedeciera a Nuestra Señora de una vez por todas.
Con la intención de cumplir, ahora sí, con el mandato de Nuestra Señora, la viuda se preguntaba en qué iglesia debería poner la pintura, cuando volvió a aparecérsele la Virgen a la niña y le dijo que quería que la pintura fuera colocada en la iglesia que queda entre la basílica de Santa María la Mayor y la de San Juan de Letrán. Esa iglesia romana era la de San Mateo Apóstol.
Los monjes Agustinos, encargados de dicho templo, después de investigar todos los milagros y circunstancias relacionadas con la imagen, dispusieron que fuera llevada a la iglesia en procesión solemne el 27 de marzo de 1499. Durante la procesión, un hombre tocó la pintura y le fue devuelto el uso de un brazo que tenía paralizado. Colocaron la pintura sobre el altar mayor de la iglesia, en donde permaneció casi trescientos años. Amada y venerada por todos los fieles de Roma, sirvió como medio de incontables milagros, curaciones y gracias.
En 1798, Napoleón y su ejército tomaron la ciudad de Roma. Con soberbia satánica, exilió al Papa Pío VII y destruyó treinta iglesias, entre ellas la de San Mateo, que quedó completamente arrasada. Junto con la iglesia, se perdieron muchas reliquias y estatuas venerables. Uno de los Padres Agustinos, justo a tiempo, logró poner a salvo el cuadro.
La imagen permaneció sesenta y cuatro años, casi olvidada, en una pequeña capilla de los Padres Agustinos hasta que, a instancias del Papa Pio IX, se trasladó en entusiasta y multitudinaria procesión solemne a la iglesia de San Alfonso, construida por los Padres Redentoristas sobre lo que había sido la iglesia de San Mateo, atendiéndose así el deseo de Nuestra Señora de que esta imagen suya del Perpetuo Socorro fuera venerada entre la Iglesia de Santa María la Mayor y la de San Juan de Letrán. Y allí se encuentra hasta el día de hoy.
ORACIÓN
"Santísima y siempre pura Virgen María, Madre de Jesucristo, Reina del mundo y Señora de todo lo creado; que a ninguno abandonas, a ninguno desprecias ni dejas desconsolado a quien recurre a Ti con corazón humilde y puro. No me deseches por mis gravísimos e innumerables pecados, no me abandones por mis muchas iniquidades, ni por la dureza e inmundicia de mi corazón me prives de tu gracia y de tu amor, pues soy tu hijo.
Escucha a este pecador que confía en tu misericordia y piedad: socórreme, piadosísima Madre del Perpetuo Socorro, de tu querido Hijo, omnipotente Dios y Señor nuestro Jesucristo, la indulgencia y la remisión de todos mis pecados y la gracia de tu amor y temor, la salud y la castidad y el verme libre de todos los peligros de alma y cuerpo.
En los últimos momentos de mi vida, sé mi piadosa auxiliadora y libra mi alma de las eternas penas y de todo mal, así como las almas de mis padres, familiares, amigos y bienhechores, y las de todos los fieles vivos y difuntos, con el auxilio de Aquél que por espacio de nueve meses llevaste en tu purísimo seno y con tus manos reclinaste en el pesebre, tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo, que es bendito por los siglos de los siglos. Amén."

lunes, 14 de junio de 2010

en este video encontraras la marcha de la familia realizada por los mexicanos
http://www.youtube.com/watch?v=qs-6LuOqHnk

DECÁLOGO PARA UNA CAMPAÑA SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD
Autor: Juan Luis Lorda Fuente: Revista Palabra, '
Madrid noviembre 2004, pág. 52.

Desde hace unos meses se ha intensificado en los medios de comunicación una campaña que busca privilegios para las uniones homosexuales. Como tiende a confundir los datos, hay que hacer un esfuerzo por aclararse.
1. Cualquier consideración sobre la sexualidad parte de la base de que es una función biológica con un orden orgánico evidente y claramente visible. Los actos homosexuales lo contradicen, como contradice la función de comer introducirse alimentos por la oreja.
2. Desde el punto de vista biológico, sólo hay dos sexos: varón y mujer. El sexo está impreso en todas y cada una de las células del cuerpo humano y tiene una expresión muy clara en los órganos sexuales. Muy excepcionalmente, se dan casos dehermafroditismo (mezcla parcial de caracteres sexuales), que suele comportar serias alteraciones orgánicas y requerir intervenciones quirúrgicas.
3. La homosexualidad no es hermafroditismo. Tampoco es un fenómeno perfectamente determinado y estable. Cualquier persona puede sentir alguna vez afectos o intereses que podrían considerarse homosexuales. Pero se considera propiamentehomosexualidad al interés y deseo sexualmente intenso y permanente hacia personas del mismo sexo, y falta de atracción por personas del sexo contrario. Esto puede variar porque no es un estado o tendencia definitiva. También puede asociarse a alteraciones psíquicas más profundas.
4. Según la literatura especializada y la experiencia común, esa inclinación suele producirse por condicionamiento del ambiente familiar o cultivada por el sujeto. Se suele formar en la juventud por una interrupción en el desarrollo espontáneo de los intereses sexuales, asociada a deficiencias en la autoestima como varón o como mujer.Y se refuerza por el condicionamiento, si se da una práctica homosexual. Por más que se ha buscado, no se ha podido demostrar que exista una predisposición genética.
5. Sentir una inclinación sexual no hace a una persona ni mejor ni peor. La moral y la honradez de las personas no dependen de las inclinaciones que sienten, sino de lo que libremente quieren y hacen. Por otra parte, sentir no da derecho a nada ni ante la moral ni ante la ley. La inclinación habitual e intensa por el dinero, por ejemplo, no da derecho a apropiárselo.
6. Sienta lo que sienta, toda persona tiene que esforzarse en controlar sus impulsos. Esto cuesta a todos, y, a veces, puede resultar difícil. Por eso, el sistema educativo y el ambiente social deben ayudar a controlarse más que a desatarse. El descontrol sexual es una de las mayores causas de infelicidad y violencia en el ser humano.

7. Si la práctica homosexual es muy arraigada, puede no bastar el esfuerzo personal y necesitar ayuda externa. Si no se consigue controlar la conducta o hay mucho sufrimiento, es conveniente acudir a especialistas con experiencia en esta terapia (evitar ideólogos). Mejor si tienen un criterio cristiano. Merece comprensión y ayuda, como cualquier otra dificultad en la vida.

8. Desde el punto de vista social, la relación homosexual es una relación privada, que sólo afecta a dos particulares, no aporta ningún beneficio publico y es bastante inestable. La familia en cambio es una unión que se orienta por sí misma al amor mutuo y a la procreación y educación de los hijos. Encauza y despliega intensas fuerzas naturales de cohesión, de paternidad y de maternidad. Y contiene un enorme potencial humano, educativo, económico y asistencial. Por eso, cada familia es un bien de alto interés social, que es conveniente distinguir y proteger.

9. Se hace violencia a las cosas (y mucho daño al orden social) cuando se confunde la relación homosexual con el matrimonio y la familia. Por otra parte, si se le conceden privilegios, se discrimina injustamente otras formas de convivencia humana sin sexo: dos hermanos, parientes o amigos que viven juntos (sin sexo) o las comunidades religiosas. Por supuesto, la inclinación o la relación homosexual no añade ninguna capacidad para adoptar o educar niños.

10. El cristianismo cree que la vida humana es sagrada y que el sexo debe vivirse siempre dentro del matrimonio como manifestación de la entrega mutua de los esposos y quedando abierto a la vida. Subordina el sexo a la entrega de los esposos y a la vida. Otra cosa es inmoral. En cambio hay un liberalismo sexual que pone en primer lugar el derecho a disfrutar del sexo. Y está dispuesto a sacrificarle el matrimonio, la familia y la vida humana. Por eso, el cristianismo es una cultura de vida. Mientras que este liberalismo sexual es una cultura de muerte. De hecho, a medida que se difunde, hay más traiciones al amor, más familias que se disuelven y más madres que matan a sus hijos antes de nacer.
Los cristianos tenemos el derecho y el deber de exponer honradamente nuestras convicciones; que son perfectamente coherentes y respetuosas con la naturaleza del sexo, del amor conyugal y del misterio de la vida, y muy beneficiosas para la vida social. Al defenderlas no tratamos de ofender a nadie, sino de ayudar a todos.
"Los cristianos tenemos el derecho y el deber de exponer honradamente nuestras convicciones, que son perfectamente coherentes y respetuosas. Al defenderlas no tratamos de ofender a nadie, sino de ayudar a todos".

COLEGIO RETAMAR
RECOMENDACIONES PASTORALES QUE SE PUEDEN DAR A LOS PADRES QUE CONOCEN QUE UN HIJO ES HOMOSEXUAL
Autor: Julio de la Vega-Hazas
1. Como sucede con cualquier problema, es evidente que es mejor prevenir que curar. Y aunque la prevención no consigue eliminar toda posibilidad de que pueda aflorar la homosexualidad en un hijo (se entiende en este artículo "hijo" de modo genérico: puede tratarse de un hijo o una hija, siendo lo primero lo más frecuente), sería un error grave pensar que no puede hacerse nada para prevenir. También lo sería suponer que el descuido de las medidas de prevención propiciaría necesariamente el afloramiento de la homosexualidad. Se trata de factores de riesgo, pero de una gran incidencia, de forma que cuando se consigue el clima familiar idóneo es mucho menos probable que se dé la desviación aquí contemplada. Hay que tener en cuenta que la homosexualidad se origina como una alteración en el desarrollo de la personalidad de quien la padece, por lo que tiene una importancia de primer orden procurar un clima que favorezca el normal desarrollo del hijo.
Prevención
2. Se señalan a continuación varios rasgos que configuran un ambiente familiar propicio, cuyo descuido tiene particular incidencia en la aparición de la homosexualidad. La relación se refiere solamente a familias normalmente constituidas:
a) La participación del padre en la educación y desarrollo de los hijos: debe estar presente y ser accesible a sus hijos. Si no lo hace, la madre debe intentar su implicación, no siendo buena solución que ella intente suplantar la figura paterna.
b) Evitar, por parte de la madre, actitudes posesivas o sobreproteccionistas. Más aún se debe evitar el que la madre recurra a volcar su afecto en los hijos o en alguno de ellos, incluso haciéndole partícipe de sus insatisfacciones, si no encuentra en su esposo el cariño que busca.
c) La aceptación de cada hijo, de forma que los hijos sean conscientes de ello. Hay que distinguir entre la búsqueda de la excelencia en cada hijo, estimulando la consecución de metas altas, de una actitud constante de desaprobación por no conseguirlas, de forma que el hijo se pueda sentir rechazado.
d) La creación'de un clima de confianza, que facilite el que los hijos puedan contar sus preocupaciones y las incidencias de su vida, incluso cuando no se han portado bien, de forma que se les escuche y se les responda con serenidad, sin manifiestas actitudes de nerviosismo, alarmismo, preocupación visible, y menos aún de riña o rechazo. A la vez, se ha de reaccionar enseñando a los hijos a resolver sus problemas, no asumiendo los padres la resolución de los mismos. .
e) La existencia de una auténtica educación sexual, bien orientada a la vez que realista. Incluye el proporcionar una adecuada información sobre las inclinaciones homosexuales y la homosexualidad. Implica también a la vez velar por un clima sano en el hogar en lo referente a la sexualidad, evitando que se vean cosas inapropiadas en televisión, Internet, etc.
f) Favorecer una relación normal en los hijos con sus amigos/as. Buena parte de la afirmación de la masculinidad o la feminidad tiene lugar en las relaciones con chicos/as de la misma edad, sin que la familia pueda suplir bien este aspecto. De ahí que una atmósfera familiar muy cerrada en sí misma no sea recomendable; y sí lo sea, por el contrario, promover actividades sanas y normales con otros chicos/as, como la práctica de deportes de equipo.
g) El recto encauzamíento de los rasgos peculiares de los hijos que puedan causar extrañeza, como por ejemplo una sensibilidad exagerada en un chico o una preferencia por gustos masculinos en una chica. Para educar hay que partir de la aceptación de la realidad, e ir ayudando a configurar la personalidad de cada uno, discerniendo bien lo que es un rasgo peculiar de lo que es una anormalidad. En este sentido, es importante evitar calificativos o motes despectivos, y en general todo lo que propicie que el hijo se llegue a sentirse "distinto" e incomprendido.
3. Conviene que los padres estén atentos, particularmente en la preadolescencia y la adolescencia, de la aparición de posibles comportamientos extraños de los hijos sin aparente explicación, especialmente de los que les aislan de su entorno habitual. Conductas como el aislamiento en un mundo artístico -musical, teatral, etc.- que no comparten con nadie, la carencia de amigos o la búsqueda de amigos en entornos distintos a los que frecuenta habitualmente y de los que no se habla en casa, con más motivo si van acompañados de la resistencia a adoptar algunos de los rasgos propios del género -en sí mismos de importancia secundaria-, son lo suficientemente preocupantes como para que se deba indagar en la causa. A veces, se pueden intentar disfrazar con una desmedida aplicación a los estudios, pero ese sentido de responsabilidad en su trabajo no suprime el que se deba buscar la explicación a esas conductas: hay que buscar el desarrollo integral de los hijos, no sólo que triunfen en su actividad profesional. Saliendo al paso de esas anormalidades se consigue muchas veces evitar daños en los hijos, siendo la homosexualidad una de las posibilidades en las que pueden desembocar.
Adolescencia y falsa homosexualidad
4. Ante una hipotética revelación de la homosexualidad de un hijo, es muy relevante la edad. Si se trata de un adolescente, se debe discernir bien la situación, distinguiendo una homosexualidad propiamente dicha de lo que no va más allá de una inmadurez y una falta de asentamiento de la personalidad en el desarrollo de la personalidad, y de la sexualidad en particular. En la adolescencia, particularmente en los varones, suele darse una cierta indeterminación sexual, de forma que el chico puede sentirse atraído por chicos además de por chicas. Si a eso se une un carácter tímido, y mástodavía si ha tenido algún escarceo homosexual en alguna ocasión, es fácil que piense que es
homosexual -puede que en ocasiones influya en ello el haber acudido a páginas web intentando aclarar su situación-, o que tenga dudas sobre ello, y no lo es, aunque podría llegar a serlo si se deja llevar por esa impresión.
Es menos frecuente una situación semejante con las chicas, aunque podría ocurrir. Si confluyen una timidez que se cree insuperable en el trato con chicos (asociada normalmente a una percepción negativa del propio cuerpo), el haber tenido en el pasado -a veces, en edad infantil- algún escarceo impúdico con alguna amiga, y la polarización de la amistad con una sola amiga, puede dar como resultado una especie de enamoramiento con esta última. Pero, al igual que en el caso anterior, no se trata de una auténtica homosexualidad.
5. No es fácil conseguir la confidencia de un hijo adolescente sobre este tipo de cosas. De hecho, es más fácil que la tenga con un tutor/a o un director espiritual, lo que constituye una razón más de conveniencia de una buena tutoría o dirección espiritual. Los padres deben conformarse con esa situación, sin pretender erigirse en directores espirituales del chico o la chica; en cambio, sí que conviene comunicar a estas personas lo que consideren relevante sobre la personalidad del chico o la chica. Menos procedente todavía es intentar enterarse de la intimidad del hijo hurgando furtivamente en ella -por ejemplo, leyendo furtivamente sus agendas-. Sin embargo, explicar por anticipado las posibles dificultades en su desarrollo facilita mucho que pueda darse esta confidencia, puesto que proporcionan al hijo adolescente la certeza de ser comprendido. En estos casos el problema se soluciona casi siempre con medios ordinarios, ayudando al desarrollo normal de la personalidad, y apoyando la autoestima del adolescente. Suele ser conveniente además que se integre en alguna pandilla de chicos y chicas, pues aproximarse al sexo contrario y aprender a valorarlo ayuda bastante.
Reacción ante la declaración de homosexualidad
6. No obstante, lo más frecuente es que un hijo, si tiene un problema relacionado con la homosexualidad, lo manifieste a los padres más tarde, cuando ya está convencido de su condición de homosexual -y probablemente sea verdad-, y ya ha tenido alguna experiencia homosexual o al menos ha tenido contactos con personas o ambientes homosexuales; a veces, cuando ya están emparejados con alguien de su sexo. Esa declaración suele ir unida a la exigencia de que acepten su condición, lo cual esconde un equívoco: una cosa es aceptar al hijo -con todos los problemas que pueda tener-, y otra bien distinta es aceptar esa situación como si no tuviera remedio y hubiera que darla por buena. En todo caso, sea cual sea la situación, es imprescindible reaccionar con serenidad. Una reacción ruidosa y trágica, con el mensaje de que la desgracia o el oprobio han entrado en el hogar, sólo propicia el alejamiento del hijo, el cual a partir de ese momento desconectará con sus padres. Y una vez pasado el desconcierto inicial, hay que evitar dos tipos de actitudes:
a) Por parte del padre, un rechazo al hijo, propio de quien no acepta la situación, manifestado en el mal humor y la falta de trato con el hijo o siendo cortante en el poco que puede haber.
b) Por parte de la madre, una actitud de comprensión -lo que está bien- que de hecho se traduzca en un apoyo a lo que el hijo entiende que es vivir conforme a su condición -lo cual es equivocado-. Hay que tener en cuenta que a eso se llega, aun sin proponérselo, cuando la madre evita decir cualquier cosa que pueda exasperar al hijo, con el fin de conservar su contacto y afecto, y mantiene una actitud fundamentalmente de compasión.
7. Como sucede con cualquier situación conflictiva, el criterio general es el que da San Pablo en la Carta a los Efesios (4, 15): veritatem autem facientes in caritate; o sea, armonizar verdad y caridad. La primera sin la segunda acaba siendo injusta; la segunda sin la primera acaba siendo sentimental, sin que en ninguno de los dos casos se busque el auténtico bien del hijo -más bien se agrava la situación-. En este sentido, la primera verdad de la que hay que estar firmemente convencido, por mucha presión en sentido contrario que haya en la sociedad, es la naturaleza misma de la homosexualidad: no puede verse nunca como una sexualidad alternativa o simplemente distinta. Tampoco es en sí misma una perversión. Es un trastorno de personalidad, concerniente a la sexualidad (incluye una variedad de posibles estados: por eso, los estudios serios sobre el tema tienden a señalar que, más que "homosexualidad", hay "homosexualidades"), aunque afecta también a otros rasgos de la personalidad. Si uno de los cónyuges no está convencido de esto, es de sentido común que el otro trate que lo entienda. A este fin, puede ser muy útil la lectura de la Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
8. Este enfoque correcto sobre la situación es el que hay que intentar transmitir al hijo, aunque se encuentre por parte de éste una resistencia a admitirlo. De todas formas, se debe evitar hablar sin escuchar. Conviene intentar ganar la confianza del hijo pidiéndole que cuente sobre su vida, y explicar las cosas con serenidad y en el momento y forma oportunos. Si apenas se sabe nada sobre la homosexualidad, es prudente enterarse bien antes de hablar con el hijo. Esto es importante, porque hay que insistir en desmontar unas expectativas, promovidas por algunas organizaciones de homosexuales, que son falsas: son las que dibujan una vida feliz a partir de aceptar como definitiva su condición y vivir conforme a ella, con un amor estable y una vida satisfactoria que nada tiene que envidiar a la de un heterosexual que vive felizmente su matrimonio; y, por el contrario, que el intento de represión de su homosexualidad sólo conseguirá una personalidad reprimida, insatisfecha e infeliz. La realidad se parece más a lo contrario; una vida abandonada a una homosexualidad activa deriva en una vida marcada por la inestabilidad, la sordidez, la promiscuidad, la falta de un amor auténtico, la angustia y la infelicidad. Conocer esto y saber explicarlo es necesario, ya que una conversación en la que el único argumento es el moral -que la actividad homosexual es pecado-, puede producir fácilmente la sensación de incomprendido en el hijo, y un erróneo entendimiento de lo que es la moral católica: si es pecado es porque se trata de un mal, no se considera un mal por ser declarado pecado.
9. En estas conversaciones, es también muy conveniente no polarizarse en la condición de homosexual, y hacer ver al hijo que tampoco él debe polarizarse, y sí en cambio reconocer que tiene otros problemas interiores sin resolver. Por eso, en^la medida en que se pueda, se debe tratar de evitar que el hijo se ponga en contacto con activistas u organizaciones de activistas homosexuales -sea acudiendo personalmente, o bien sea a
través de internet-, o vaya a intentar conseguir amistades en lugares frecuentados por homosexuales, aunque en principio sólo trate de buscar en ellos un ambiente que rio le haga sufrir, ya que puede sentirse herido por los comentarios despectivos hacia los homosexuales en su ambiente habitual. Sería indudablemente un remedio peor que la enfermedad. Si ya ha contactado o se ha integrado en una de esas organizaciones, la decisión de alejarse será la primera que deberá tomar si acepta la terapia que deberá aplicarse.
Terapia adecuada
10. Es necesario convencerse y convencer de que es falsa la idea de que la homosexualidad es algo constitutivo e irreversible. Su origen es complejo, pero puede decirse, de forma simplificada, que lo más frecuente es que sea debida a la unión de una cierta propensión con una serie de factores, tanto personales como ambientales. Eso permite que el trastorno se pueda tratar y curar. Es conveniente saber que si se ponen los medios adecuados, se puede remediar un alto porcentaje de casos de homosexualidad, más alto cuanto menor sea la edad y mayor la rapidez en acudir a ellos. Pero en todo caso hay que contar con que el interesado acepte colaborar, por lo que los padres deben ser constantes en el intento de convencerle de que lo haga. Se debe acudir a especialistas, que casi siempre serán psiquiatras -mejor que psicólogos-. Deben ser de conocido buen criterio, y, en la medida en que sea posible, especialistas en este tema. Y, por supuesto, se debe evitar acudir a especialistas que son homosexuales o recomendados por organizaciones homosexuales. Esto quiere decir que son necesariamente los padres quienes eligen al especialista, en ningún caso el hijo.
11. Si acepta el tratamiento, no es sólo el hijo, sino también los padres quienes deben hablar con el especialista. Y debe asumirse que probablemente no resulte arduo sólo para el hijo, sino también para los padres. Para el hijo ya lo es de por sí, pero con frecuencia se complica al poder haber algún trastorno asociado más, como las obsesiones compulsivas. Para los padres, esas conversaciones pueden ser reveladoras de verdades incómodas, porque pueden salir a la luz comportamientos o actitudes que han facilitado o quizás propiciado el que su hijo llegue a ese estado. Por dura que sea, se hace necesario conocer la verdad. Sin embargo, eso no debe traducirse en una actitud de culpabilidad, echando sobre sí toda la responsabilidad de lo sucedido. Se trata más bien de asumir con serenidad la verdad, para poner el remedio oportuno cuando sea necesario, especialmente en lo tocante a las relaciones familiares. Por el contrario, una adversidad de este tipo puede ser ocasión de un refuerzo de su cohesión matrimonial y familiar, y para una mejora de sus respectivos caracteres. Debe tenerse en cuenta que si bien es posible que tengan alguna participación en las causas de lo sucedido, es seguro que pueden y deben participar en el proceso de recuperación del hijo.
12. Si el hijo no acepta el tratamiento, sigue siendo muy conveniente que los padres acudan al especialista. No se trata de que intenten suplir ellos lo que éste puede hacer, sino más bien que encuentren argumentos en la consulta para convencer al hijo. No consistirán sólo en razonamientos, sino en la asunción y el reconocimiento de la responsabilidad que puedan haber tenido en la existencia de carencias afectivas en el hijo, o de los comportamientos inadecuados que hayan podido tener con él.
13. Mientras no se consiga restablecer la normalidad heterosexual con el tratamiento adecuado, es totalmente inconveniente buscar una solución en géneros de vida que requieren una afecrividad normal y madura, como pueden ser el matrimonio o el sacerdocio. Conviene que el sacerdote que aconseja a la familia conozca la Carta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de 16 de mayo de 2002 sobre la idoneidad de ordenar sacerdotes a hombres con tendencia homosexual.
Homosexualidad y vida interior
14. Por último, en esto como en todo, hay que insistir en la importancia de los medios sobrenaturales. En este sentido, no hay ninguna incompatibilidad entre la condición de homosexual y la existencia de una auténtica vida interior de trato con Dios. El hijo en esta situación no debe nunca considerarse un ser perverso o alguien cuya condición convierte en falso su trato con Dios. Por el contrario, la consideración de su condición de hijo de Dios y la vida interior serán una ayuda inestimable para afrontar una situación difícil, en la que es necesaria una buena dosis de fuerza de voluntad para poner los medios que permitan salir de ella. De ahí que se deba animar a quien se encuentre en esa situación a poner los medios sobrenaturales -oración en primer lugar, sacramentos en la medida en que tenga las necesarias disposiciones para recibirlos-, e intentar ayudarle a que se asiente en una fe y esperanza auténticas. Ahora bien, la vida interior se falsifica y se extingue si no se acepta la verdad y no se vive en la verdad, resultando infructuoso todo intento en contrario.
15. Estas consideraciones también son válidas, mutatis mutandis, para los padres. La prueba que deben afrontar constituirá a la vez una demanda y un estímulo para que tengan vida interior y traten en su oración a Dios, o la hagan crecer. También ellos deben necesitan vivir su relación con Dios en la verdad, que en este caso supondrá en muchos casos, además, una mejora en su propio conocimiento que necesariamente debe tener efectos positivos en su trato con Dios y en el ejercicio de las virtudes humanas y cristianas.
"Como sucede con cualquier situación conflictiva, el criterio general es el que da San Pablo a los efesios (4, 15): veritatem autem facientes in caritate; o sea, armonizar verdad y caridad".
Vidasacerdotal.org

sábado, 5 de junio de 2010



SABÍA DISTINGUIR
En cierta ocasión, qué admirable respuesta dio un niño de limitada inteligencia a un sacerdote. Lo había llevado su madre para que el párroco lo admitiera aquel año a la Primera Comunión. Éste se resistió al principio, pensando que el pequeño carecía del mínimo de luces para valorar qué es comulgar. La madre no se rindió; lo había preparado a conciencia, pacientemente; estaba segura de que podía. Insistió en que, por favor, lo sometiera a examen.
El sacerdote mostró al niño un Crucifijo.-¿Es Jesús?
-Sí -respondió.
Luego señaló al Sagrario:-¿Es ése Jesús?-Sí, también es Jesús -fue la nueva respuesta.
El buen cura pasó al ataque:-¡Entonces son lo mismo! ¿Son lo mismo, eh?
El chavalín mostró que sabía distinguir.
Miró al Crucifijo: Ahí parece que está, pero no está.Se volvió en dirección al Tabernáculo:-Ahí parece que no está, pero está.Sí, naturalmente, hizo la Primera Comunión, Tenía el niño la fe de los Apóstoles. La que tuvieron en el Cenáculo -el día de Jueves Santo-, la que profesaron después de la Resurrección de] Señor, y siempre. (J. Eugui, Dios, desconocido y cercano)

viernes, 4 de junio de 2010

SU úNICA MISA

Lo cuenta un obispo polaco que conoció los horrores de los campos de concentración nazis durante la segunda guerra mundial. Mons. Majdanski era todavía seminarista, primero en el lager de Sachsenhausen, después en uno de los más tristemente famosos, el de Dachau.
Karl Leisner, diácono alemán, enfermo de tuberculosis -ya lo estaba cuando fue arrestado-, se encontraba en fase crítica a finales de 1944. El Obispo de la diócesis francesa de Clermont-Ferrand, Gabriel Piguet, también prisionero en el campo, tras haber obtenido secretamente los permisos oportunos, administró el presbiterado a aquel hombre que se moría irremisiblemente. El nuevo sacerdote celebró su primera y última Misa el día de San Esteban, el 26 de diciembre de 1944. Mons. Majdanski lo recuerda “atlético, tenaz y devoto”; también dice de él: “Era la viva imagen de las palabras de San Pablo: Trabaja conmigo como un buen soldado de Cristo Jesús (2 Tim 2,3)”. Con cuánta emoción se preparó y celebró aquella única Misa de su vida, que venía a ser como la síntesis de todo su amor al sacerdocio y a Cristo-Sacerdote; qué mejor preparación para ir al encuentro del Señor; no necesitó escuchar aquello de San Juan de Avila: “de mucho tendrá que dar cuenta”, porque ya lo sabía y muy bien (cfr. J. Eugui, Nuevas anécdotas y virtudes, nº 98). Cfr. K. Majdanski, Un obispo en los campos de exterminio



EL REY DE REYES EN CARROZA





Es el 15 de diciembre de 1880. La reina María Cristina se dirige con su esposo en carroza de gala hacia la plaza de toros; van a presidir la corrida que en honor de su hija María de las Mercedes se piensa celebrar ese día. Cuando la comitiva entra en la calle del Arenal, sale el párroco de San Ginés llevando el viático a un enfermo. El sacerdote camina recogido. Le precede un monaguillo tocando la campanilla y el sacristán con un farol encendido, como es costumbre.


La carroza real se detiene y, con ella, toda la comitiva. Los soberanos descienden e invitan al sacerdote a que ocupe el medio de transporte: le corresponde al Rey de reyes. Un lacayo cierra la puerta y el carruaje reinicia la marcha. Detrás, a pie, van los monarcas y todo el séquito en respetuoso silencio. Y así llegan al número 2 de la calle Costanilla de los Ángeles. Suben los monarcas hasta la misma habitación de la enferma, Carmen Enrile, en cama por las complicaciones de un reciente parto, y asisten a la ceremonia ante la conmoción de la buena mujer y de toda la familia, que no acaban de creerse que está en su casa la misma reina María Cristina acompañando al Señor.


Cfr. E. Ferrer, Mª Tª Puga y E. Rojas, Cuando reinar es un deber

martes, 1 de junio de 2010

peregrinacion a Brochero






PEREGRINACION A BROCHERO CON SACERDOTES DE LA DIOCESIS DE SAN LUIS












PROXIMO DOMINGO CORPUS CHRISTI



BOLSENA





El gran pintor italiano Rafael recibió el encargo del Papa Julio II de pintar una estancia del Vaticano bien famosa: la Stanza de Heliodoro. Hay entre los frescos uno dedicado a un milagro eucarístico muy conocido: “La Misa de Bolsena”.


¿Cuál es la historia que inspira la pintura del artista de Urbino? Corría el año 1263, cuando un sacerdote de Bohemia que estaba de paso por aquella localidad, al celebrar la Santa Misa en la iglesia de Santa Cristina, sintió muchas dudas sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía; no acababa de aceptar que las palabras de la consagración pudieran obrar el milagro de la transustanciación, es decir, la admirable conversión de la sustancia del pan en el Cuerpo del Señor y de la sustancia del vino en su Sangre, como cree y enseña la Iglesia. En ese momento vio, atónito, cómo los corporales sobre los que celebraba la Eucaristía se empapaban de la Sangre de Cristo. Los presentes también quedaron estupefactos. Enseguida llevaron los corporales hasta la cercana Orvieto, porque allí se encontraba el Papa Urbano IV (su pontificado tuvo lugar entre el 1261 y el 1264). Este hecho animó al Pontífice a instituir la fiesta del Corpus Christi, que ya había comenzado a celebrarse por aquellos años en Flandes.


Dos obras maestras nacieron por el mismo acontecimiento. En lo arquitectónico, la catedral de Orvieto; en el terreno litúrgico, el Oficio sobre la Eucaristía compuesto por Santo Tomás de Aquino.