
SABÍA DISTINGUIR
En cierta ocasión, qué admirable respuesta dio un niño de limitada inteligencia a un sacerdote. Lo había llevado su madre para que el párroco lo admitiera aquel año a la Primera Comunión. Éste se resistió al principio, pensando que el pequeño carecía del mínimo de luces para valorar qué es comulgar. La madre no se rindió; lo había preparado a conciencia, pacientemente; estaba segura de que podía. Insistió en que, por favor, lo sometiera a examen.
El sacerdote mostró al niño un Crucifijo.-¿Es Jesús?
-Sí -respondió.
Luego señaló al Sagrario:-¿Es ése Jesús?-Sí, también es Jesús -fue la nueva respuesta.
El buen cura pasó al ataque:-¡Entonces son lo mismo! ¿Son lo mismo, eh?
El chavalín mostró que sabía distinguir.
Miró al Crucifijo: Ahí parece que está, pero no está.Se volvió en dirección al Tabernáculo:-Ahí parece que no está, pero está.Sí, naturalmente, hizo la Primera Comunión, Tenía el niño la fe de los Apóstoles. La que tuvieron en el Cenáculo -el día de Jueves Santo-, la que profesaron después de la Resurrección de] Señor, y siempre. (J. Eugui, Dios, desconocido y cercano)
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