martes, 7 de diciembre de 2010

LA CRUZ DE SAN BENITO

La cruz-medalla de San Benito data de una época muy antigua y debe su origen a la gran devoción que el Santo profesaba al signo adorable de nuestra Redención y al uso frecuente que de él hacía y que recomendaba a sus discípulos para vencer las tentaciones, ahuyentar al demonio y obrar maravillas.
En un principio y durante muchos años , la devoción a esta Cruz-Medalla de San Benito, fue meramente local y exclusiva de los monasterios benedictinos; pero la curación milagrosa del joven Bruno (mas tarde el Papa León IX) en el siglo IX, lo ocurrido con ella en Baviera en 1647, y sobre todo el breve de Benedicto XIV (12 de Marzo de 1742), y la declaración de las hechiceras de Baviera que al ser apresadas en 1647 confesaron que sus maleficios contra el monasterio de Metten resultaban sin efecto alguno, contribuyeron poderosamente a su propagación.
La medalla de San Benito representa, en un lado la imagen de la Cruz y, en el otro, la del Santo Patriarca.
El lado de la Cruz suele estar encabezado, o por el monograma del salvador: IHS, o por el lema de la orden benedictina: PAX.
En los cuatro ángulos de la Cruz se encuentran grabadas las siguientes iniciales: C.S.P.B., que significan: Crux Sancti Patris Benedicti, o sea: Cruz del Santo Padre Benito; las cuales son como un anuncio de la Medalla y no forman parte del exorcismo.
En la línea vertical y horizontal y alrededor de la Cruz, se leen, en el siguiente orden, estas otras iniciales, cuyas palabras componen la oración u exorcismo que tanto teme Satanas y que conviene repetir a menudo.

C.S.S.M.L.
CRUX SANCTA SIT MIHI LUZ.
La Santa Cruz sea mi luz.
N.D.S.M.D.
NON DRACO SIT MIHI DUX.
No sea el dragón mi guía.
V.R.S.
VADE RETRO SATANA.
Retírate, Satanás.
N.S.M.V.
NUMQUAM SAUDE MIHI VANA.
No me aconsejes vanidades.
S.M.Q.L.
SUNT MALA QUAE LIBAS.
Son cosas malas las que tú brindas.
I.V.B.
IPSE, VENENA BIBAS.
Bebe tu esos venenos.

Una de las devociones mas difundidas, y no solo por la influencia de los monasterios benedictinos, es la Cruz de San Benito, especialmente en forma de medalla, que es la más frecuente. Presentaremos brevemente su significado y haremos su historia, para atender al deseo de muchos amigos y devotos de San Benito.

La Medalla

La medalla presenta, por un lado, la imagen del Santo Patriarca, y por el otro, una cruz y en ella y a su alrededor, las letras iniciales de una oración ó exorcismo, que dice así (en latín y castellano):

      CRUX SANTI PATRI BENEDICTI
      Cruz del santo Padre Benito
      CRUX SACRA SIT MIHI DUX
      Mi luz sea la cruz santa
      NON DRACO SIT MIHI DUX
      No sea el demonio mi guía
      VA DE RETRO SATANA
      ¡Apártate, Satanás!
      NUMQUAM SUADE MIHI VANA
      Ni sugieras cosas vanas,
      SUNT MALA QUAE LIBAS
      Pues maldad es lo que brindas
      IPSE VENENA BIBAS
      Bebe tu mismo el veneno

Como se puede apreciar por las iniciales distintivas en la cruz, a esta, el texto de la plegaria la
acompaña siempre, y a la vez es una ayuda para la recitación de la misma. El texto latino se compone - después del título: Crux Santi Patri Benedicti (C.S.P.B.) - de tres dísticos, que encierran una invocación a la Santa Cruz, con el deseo suplicante de tenerla como guia y apoyo, y la expresión del rechazo a Satanás a quien se manda que se aparte - con las palabras de Jesús, cuando fue tentado por él (Mt 4,10) -, manifestando que no va a escuchar sus sugerencias, pues es malo lo que ofrece. Es una auténtica confesión de fe y de amor a Cristo, y una renuncia al diablo.

El bautismo y la cruz

Notemos que en este breve texto, la victoria sobre el demonio se atribuye a la cruz de Jesucristo, que es luz y guia para el fiel, y que se opone al veneno y a la maldad del tentador. Es un eco de la consagración bautismal, de donde se impone la cruz al neófito, quien es lavado con el agua de la regeneración y recibe la luz del Señor Resucitado; pronuncia también las palabras de renuncia al demonio y confiesa la fe.

Por ello el cristiano que lleva la medalla no lo hace con una preocupación supersticiosa por apartar
a los malos espíritus, sino consiente que es por la presencia del Señor Jesucristo y una vida conforme a la gracia, como habrá de mantener alejado al diablo y sus tentaciones. El futuro de esa devota práctica, la protección de Dios, se alcanza con una vida que sea después coherente al Evangelio. Donde está la gracia divina, no se puede aproximar el demonio. Pero el combate contra las asechanzas y tentaciones diabólicas no le va a faltar al fiel, pues el Maligno quiere impedir su camino hacia Dios, es entonces que la oración, la señal de la cruz, la invocación a Cristo Nuestro Señor y de los santos, son necesarios. Escribe Don Guéranger:

      No es preciso explicar al cristiano lector la fuerza de esta conjuración, que opone a
      los sacrificios y violencias de Satanás aquello que le causa el mayor temor: la cruz,
      el santo nombre de Jesús, las propias palabras del Salvador en la tentación, y en fin,
      el recuerdo de las victorias que el gran Patriarca San Benito obtuvo sobre el dragón
      infernal 1.

El Ejemplo de San Benito

El origen de la Cruz de San Benito no puede atribuirse con certeza al mismo santo. Más adelante
veremos las circunstancias históricas en que aparece y se difunde esta devoción. Pero su sentido es
profundamente coherente con la espiritualidad que inspiraba el padre de los monjes del Occidente y que este supo transmitir a sus hijos. la vocación a la vida eterna es la llamada de Dios a la salvación en Jesucristo, y esta llamada espera una respuesta, no solo con los labios, sino con el corazón. En la Regla escrita para sus monjes, San Benito dejó su enseñanza :

      Escucha, hijo, los preceptos del Maestro, e inclina el oído de tu corazón; recibe con gusto
      el consejo de un padre piadoso, y cúmplelo verdaderamente. Así volverás por el trabajo de
      la obediencia, a aquel de quien te habías alejado por la desidia de la desobediencia.
El "trabajo de obediencia" es la respuesta solícita del que ama a Dios y hace su voluntad; es el fruto de la caridad, del amor generoso y desinteresado. La desobediencia es el resultado de la tentación en el paraíso donde el demonio sugirió a Adán y Eva que hicieran su propia voluntad, satisfaciendo sus deseos y aspiraciones de poder. Ese pecado de nuestros primeros padres dejó su consecuencia a todos sus descendientes, y aunque el sacrificio de Cristo nos reconcilió con el Padre de los cielos, somos siempre deudores suyos y nacemos con la mancha original.
El bautismo nos limpia del pecado original, nos hace hijos de Dios y nos da la vida de la gracia. La vocación del cristiano nace en el bautismo, y de esta manera tiene la fuerza para resistir al diablo, si es fiel y consecuente con los dones recibidos, Pero justamente necesite responder a esa vocación y a los dones de Dios, con amor filial y con sus obras sin lo cual podría ser presa de las malas tentaciones. El demonio si bien ha sido derrotado, tiene todavía sus asechanzas, y encuentra muchas veces en nosotros un oído que se deja seducir. Por eso San Benito nos exhorta a no atender a esa voz que nos sugiere cosas malas, y escuchar mas bien la que nos viene de Dios, en el Evangelio en toda Escritura, en la Iglesia, y en la oración, y a través de maestros experimentados en las vías del espíritu.
Es ante todo de esa manera que debemos considerar la protección contra el demonio, que Dios nos presta por la intersección de sus santos. Satanás será menos fuerte con los que viven en la comunión con Dios y se esfuerza por obrar el bien. Y ello se debe a la virtud del bautismo, del cual procede la vida del cristiano y donde nace y se desarrolla la vocación a la perfección y a la vida monástica. Escribe un autor:
      Quien quiera.que se lance resueltamente a la búsqueda de la realidades sobrenaturales
      sentirá muy pronto que en él se enfrentan Dios y el diablo. Todo compromiso con
      Dios conlleva, pues, la necesidad de armarse contra el ángel caído. Esto es claramente
      visible desde el primer compromiso cristiano, que sanciona el sacramento del bautismo:
      la renuncia a Satanás va junto con el ingreso en la iglesia.

El signo de la cruz y la protección contra el demonio en la vida de San Benito

Con este signo de salvación, San Benito se libró del veneno que unos malos monjes le ofrecieron: Cuando fue presentado al abad, al sentarse a la mesa, la vasija de cristal que contenía la bebida envenenada para que la bendijera, según costumbre en el monasterio, Benito, extendiendo la mano, hizo la señal de la cruz y con ella se quebró el vaso que estaba a cierta distancia; y de tal modo se rompió, que parecía que aquel vaso de muerte, en lugar de la cruz, le hubiesen dado una piedra. Comprendió en seguida el barón de Dios que debía contener una bebida de muerte lo que no había podido soportar la señal de la vida. EL episodio, según el relato gregoriano, debió inspirar las palabras del exorcismo referidas referidas a la bebida que ofrece el Maligno, así como protección atribuida a la señal de la cruz.

Los ataques del demonio también se dieron contra el abad de Casino y sus monjes: el "antiguo enemigo", muy contrario por la conversión de los paganos de la región atraídos por la predicación del Santo, se presentaba a sus ojos amenazarlo y aterrorizar a los suyos: Pero el antiguo enemigo, no sufriendo estas cosas en silencio, se aparecía no ocultamente o en sueños, sino en clara visión a los ojos del padre, y con grandes gritos que quejaba de la violencia que tenia que padecer por su causa, tanto que hasta los hermanos oían sus voces, aunque no veían su imagen. Sin embargo, el venerable abad contaba a sus discípulos que el antiguo enemigo aparecía a sus ojos corporales horrible y encendido y que parecía amenazarle con su boca y con sus ojos llameantes. Y la verdad, lo que decía lo oían todos, por que primero lo llamaba por su nombre; y como el barón de Dios no le respondiese, prorrumpia en seguida en ultrajes contra el. Así, cuando gritaba, diciendo: "Benito, Benito", y veía que le daba la callada por respuesta , añadía al instante: "Maldito y no Bendito ¿que tienes conmigo?, ¿por que me persigues?. Estos ataques directos, combates encarnizados con el demonio, son una constante en la vida de San Benito, que le proporcionó con ellos ocasiones de nuevas victorias, como dice San Gregorio poco después.

Ya en el comienzo de la permanencia en Subdiaco, el demonio rompe la campanilla de que se servia el monje Román para avisar a nuestro Santo cuando debía retirar sus alimentos. Leemos también que el demonio en forma de un ave negra, le provoca terribles tentaciones al mismo Benito, y a otro monje lo distrae de la plegaria, llevándolo a vagar. A un hermano lo lleva a mostrarse soberbio, ganado por los malos pensamientos que el demonio le sugiere; significativamente, Benito, advirtiendo su turbación, le manda: Traza una cruz, hermano, sobre tu corazón. Inspira al presbítero Florencio que , celoso, hostigue a Benito y sus discípulos, y siempre busca dificultar la vida del monasterio tanto en lo material, como en lo espiritual, suscitando inconvenientes de todo tipo, como a la muerte de un adolescente.

El signo de la cruz y la protección contra el demonio en la vida de San Benito

Estos episodios, relatados por el Papa San Gregorio, muestran de que manera San Benito combatía con el demonio, el cual lo atacaba constantemente, como adversario de toda obra buena. Un encuentro con el demonio ilustra lo dicho: Yendo un día el Santo al oratorio de San Juan, sito en la misma cumbre del monte, saliole al encuentro el antiguo enemigo bajo la forma de un albéitar (o médico), llevando le un vaso de cueno con brebajes. Como Benito le preguntara adónde iba, él le contestó :"me voy a darles una porción a los hermanos". Fuese entonces el venerable padre a la oración , y concluida esta, volvió inmediatamente. El maligno espíritu, por su parte, encontró a un monje anciano sacando agua, y al punto entró en el y lo arrojó en tierra, atormentándole furiosamente. Al volver de la oración el barón de Dios, viendo que era torturado con tal crueldad, diole tan solo una bofetada y al momento salió el maligno espíritu, de suerte que no osó volver mas a él.
Su mejor defensa era, con la oración, la fidelidad al Señor y la confianza con El, la caridad, la constancia en el bien, la práctica de la justicia. Una vida santa, por una parte provoca la enemistad del demonio, mas por la otra, es la mejor defensa contra él, pues donde está Dios por la gracia, no puede entrar a dominar el terrible enemigo.

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